La cultura de la imagen



Un fenómeno de alcance mundial como es la elección de un nuevo Papa a la cabeza de la iglesia católica captó la atención de millones de personas que siguieron las instancias del cónclave en el Vaticano a través de los medios de comunicación, desde las cadenas de televisión o las redes sociales. Se mantenían en vilo ante cada mínima se señal que surgiera desde la cúpula eclesiástica en el sentido de informar el nombramiento del  nuevo sumo pontífice.
Plaza San Marcos al anunciarse el nuevo Papa en 2013

Se movilizó a miles de personas que tuvieron la oportunidad de presenciar el momento en la misma Plaza San Pedro en el corazón del Vaticano y que permanecieron allí día y noche en vela, expectantes.
Si bien se trata de un acto de fé o de espiritualidad aquí nos llama la atención la conducta de los fieles, los ya mencionados que a distancia siguieron cada momento pero especialmente los allí presentes que como muestra la imagen que precede estas notas, registraba el momento en que se anunciaba y presentaba el nuevo Papa.
La cultura de la imagen acompaña al hombre desde tiempos remotos, en el arte rupestre podemos encontrar escenas de caza, lucha, animales idealizados o esperados, imágenes oníricas quizás atribuibles a efectos chamánicos o sueños, en suma, el hombre plasmó desde abstracciones a relatos en registros que nos permiten hoy, a miles de años dar cuenta de su entorno. Vale decir que somos los destinatarios involuntarios de mensajes que sin duda se hicieron para permanecer ¿cuánto tiempo? eso es otra cuestión.
La comunicación simbólica es propia de los seres humanos y nos permite el traspaso de mensajes o conocimientos de manera simple en codificaciones compartidas que se materializan en ideas concretas en el receptor.
Sin duda el último siglo ha permitido el acceso al común de la gente al registro de imágenes, particularmente con la fotografía y su derivados: en film o video. Así se comienzan a registrar imágenes cotidianas, familiares, viajes, eventos y todo aquello en lo que cualquier persona puede participar. Allí donde se haga presente alguien habrá la posibilidad de tomar una captura del momento y en principio preservarlo pero además compartirlo. Porque he allí la componente comunicacional de la imagen, una vez tomada, entra en la etapa de ser compartida. Con la familia, con las redes sociales, amigos, con el mundo entero como expectativa.
Curiosamente la imagen genera una nueva función, pasó de pretenderse como privada a imaginarla de uso público, aquí nos preguntamos: ¿para qué tomamos ahora esas imágenes?¿tomamos imágenes de nuestra experiencia o atravesamos una experiencia para compartirla?¿y entonces la verdadera experiencia es el acto vivido o el acto compartido y repetido ad infinitum?
¿Quién no entró en pánico al extraviar su cámara fotográfica en un viaje?¿quién no corrió a comprar una cámara descartable o a pedir fotografías a otros para atesorar un momento?
No es menor preguntarse si acaso se vive para la imagen o en la imagen. El recuerdo es en definitiva una imagen y porqué no ayudarlo con objetos que la materialicen?

IXX


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